En el museo Sorolla

Ilustración para Hotel Vaqueros

Ilustración para Hotel Vaqueros, en el Sonotone de Gijón

Disfruté mucho el domingo en el Museo Sorolla en Madrid. No había nada que interpretar. No había textos explicativos que descifrasen el significado profundo del manchurrón o títulos extravagantes. No había escenas crueles, escandalosas o provocativas. Simplemente había vida. O mejor dicho, un reflejo de vida tamizado por los colores y los trazos. Lo peor con diferencias los marcos, casi un estorbo que distraían con demasiada frecuncia por su ostentosidad. Escenas cotidianas de la vida del autor: en la playa, en un jardín, un retrato, una mujer en la cama, unos niños dormidos en el campo... Quizá la llegada de la fotografía haya apagado este tipo de cuadros que inmortalizan los momentos vitales pero, ¿no estarán los artistas de hoy buscándole tres pies al gato? ¿Ya está todo dicho en el naturalismo (¿se llama así el estilo de Sorolla?)?

La foto: En el Sonotone de Gijón, el atrezzo de Hotel Vaqueros.

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